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Consumo de inhalantes: una realidad punzante y un gran reto para los profesionales (15/02/2017)
Mireia Ambròs Hortensi (Educadora Social y Psicopedagoga) En los últimos meses se destapó de nuevo la alarma en los medios de comunicación, sobre grupos de jóvenes consumidores de inhalantes. No obstante, este escenario ni es nuevo, ni va en alza, si no que se trata de una realidad fluctuante y de colectivos muy minoritarios y vulnerables. En Cataluña, la mayoría de ellos, se encuentran en Barcelona o en zonas colindantes de las grandes urbes. La práctica totalidad son adolescentes recién llegados del Magreb, tutelados por la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA), con un proceso de adaptación dificultoso, que se fugan de los centros para vivir en la calle. A causa de los hurtos y robos con violencia, muchos de ellos tienen medidas judiciales de libertad vigilada, y otros ingresan en los centros educativos de Justicia Juvenil. La cifra exacta es difícil de obtener, pero los profesionales que trabajan directamente con ellos, hablan de una cifra inferior al centenar en Cataluña. A pesar de que el número no es elevado, se trata de una realidad punzante ya que se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad y exclusión social, y supone un reto para los profesionales para aplicar intervenciones socioeducativas que resulten efectivas. La mayoría de estos chicos provienen de núcleos familiares desestructurados, donde suele haber una carencia afectiva. Presentan una falta de hábitos de autonomía personal y de competencias instrumentales básicas (bajas habilidades académicas, déficits de hábitos de estudios), así como una baja autoestima e inmadurez. Generalmente, el proyecto migratorio no es un hito personal de estos adolescentes, sino de sus familias que los presionan para venir a Europa. Aquí se encuentran con una realidad muy distinta a la que esperaban, no pueden incorporarse al mercado laboral y tampoco pueden seguir los estudios obligatorios de los adolescentes de su edad. Las pocas expectativas de futuro y el vacío de fondo que tienen, facilita el duelo migratorio con reacciones ansiosas, depresiones, aislamiento emocional, somatizaciones, trastornos de la conducta, comportamientos agresivos o desconexión, que dificulta la adaptación y la vinculación a los recursos existentes. El NIDA describe los inhalantes como “sustancias volátiles que producen vapores químicos que se pueden inhalar y que producen efectos psicoactivos o de alteración mental”. Se trata de una larga lista de productos químicos volátiles y tóxicos, depresores del Sistema Nervioso Central, que se pueden encontrar en muchos comercios. Su bajo coste, la fácil accesibilidad y el hecho que su consumo no precisa de parafernalia, facilita el consumo entre estos adolescentes en situación marginal. Los efectos inmediatos son parecidos a los que se experimentan con el consumo de alcohol: euforia, desinhibición, sensación de bienestar, agitación. Al tratarse de una droga depresora, estos efectos van seguidos de una sensación de somnolencia, descoordinación de movimientos y juicio deteriorado. A dosis más altas causan náuseas, vómitos, diarreas, confusión, dificultad para hablar, falta de reflejos y de concentración, debilidad muscular, distorsión de los sentidos, delirios o alucinaciones.También pueden presentar cambios en el estado emocional y favorecer sensación de tristeza o agresividad. Los riesgos más graves que pueden causar son arritmias cardíacas, convulsiones, asfixias, estado de inconsciencia o coma. El uso continuado de inhalantes puede generar dependencia y trastornos mentales y físicos graves en el cerebro, la vista, el oído, los pulmones, el corazón, los riñones, el estómago, el hígado y la médula ósea, muchos de ellos irreversibles. Existen dos maneras de consumirlos: impregnando un trapo con disolvente y inhalar por la nariz los gases que se desprenden, o bien introducir cola de contacto en una bolsa i aspirar los gases por la boca. Las modas van variando y, si hace unos años se optaba más por los disolventes impregnados en un trapo, calcetín o puño del jersey, actualmente este grupo de chicos se decanta más por la aspiración de gases de cola de contacto introducida dentro de un bolsa. A banda del mimetismo del grupo, con el consumo de colas encuentran más ventajas ya que se pueden esconder más fácilmente en un bolsillo y su olor no es tan delatador en los centros de protección, como lo son los disolventes. El consumo de inhalantes, que suele ser originario de su país de origen, tiene diferentes significados para estos chicos. A parte de utilizarlos para coger coraje antes de delinquir, supone para ellos una manera de evadirse de su dura realidad. Pero quizás el significado que toma más relevancia en este caso, es que el consumo de inhalantes les refuerza su pertenencia al grupo. El grupo toma aquí una especial importancia debido a su etapa adolescente y a su condición de migrante sin familia. En él, encuentran sus únicos vínculos, protección y hermandad de la que carecen. La mayoría niegan o sacan importancia al consumo de drogas. Su falta de consciencia de su problemática ante el consumo dificulta la adherencia a los recursos especializados. Su discurso justificativo es que la cola o los disolventes no son drogas. Los profesionales que trabajan con ellos, remarcan que no entienden conceptos como adicción, consumo, sustancia, y que les cuesta mucho hablar sobre su consumo. Así, el trabajo preventivo con estos chicos tendría que ir encaminado a ayudarlos a entender qué les está pasando, poniendo en evidencia los aspectos positivos del no consumo y dar pautas básicas de reducción de riesgos asociados al consumo. Así, en su abordaje educativo, deberemos dar pautas para prevenir las asfixias por el uso de bolsas de plástico; quemaduras ya que los gases inhalantes son inflamables; accidentes por estar en lugares poco seguros y perder los reflejos psicomotrices; así como indicar que es mejor que estén acompañados para que puedan pedir ayuda o llamar a una ambulancia si se produce un coma. Todos estos significados e imaginarios, deberán tenerse en cuenta en el momento de diseñar intervenciones socioeducativas con este grupo. Éstas, deberán ir encaminadas a: Aportar información significativa, adecuada a su nivel académico y a sus códigos culturales. Propiciar la concienciación de los riesgos del consumo de inhalantes. Favorecer la reflexión. Facilitar un cambio deseado. Potenciar el establecimiento del vínculo con los y las profesionales que trabajan con ellos. Ampliar círculos de nuevas amistades. Estrechar el vínculo con la familia de origen. Proporcionar expectativas mínimas de futuro. Además, para buscar una solución a esta compleja realidad, no bastará con la entrega total que ya tienen los profesionales de los centros de acogida o de calle. Por un lado, se debería apostar por intervenciones más globales que potencien el trabajo en red y coordinado con otros servicios implicados (CAS, CSMIJ, Policía, Justicia,…). Así mismo, sería conveniente contemplar la participación de referentes de iguales formados (chicos mayores que hayan pasado por una situación parecida), que faciliten la adherencia a las intervenciones. Finalmente se debería tener en cuenta la realización de campañas preventivas tanto a nivel comunitario, como en el país de origen. Grandes retos para nuestra sociedad del bienestar.
 
 
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