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El efecto de las drogas al volante (11/05/2014)
EL MUNDO / ANA FERRER DUFOL- Las drogas de abuso son sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central de las personas alterando sus funciones y por lo tanto su conducta. Pueden ser sustancias legales como el alcohol, o ilegales como las anfetaminas, la cocaína el cannabis y la heroína. Cada sustancia actúa de distinta manera: • El alcohol etílico, presente en las bebidas alcohólicas, tiene un efecto inicialmente euforizante pero, al aumentar la dosis, produce una depresión de todas las funciones del sistema nervioso central , lo que da lugar a una disminución de los reflejos, alteraciones visuales, enlentecimiento de la respuesta a estímulos externos y puede acabar en un coma tóxico. • La heroína es un depresor neurológico muy intenso y, con facilidad y rapidez, produce un enlentecimiento psíquico progresivo, pudiendo llegar en el extremo a provocar un coma, con depresión respiratoria y muerte. • La cocaína y las anfetaminas son, por el contrario, estimulantes del mismo sistema y producen una excitación, sensación de omnipotencia y pérdida de control de impulsos. • El cannabis tiene sobre todo un grave efecto de alteración de la percepción con distorsión en las sensaciones de tipo espacio temporal y atenuación de la atención y de la capacidad de autocontrol. Estos efectos explican el riesgo que el consumo de cualquiera de las sustancias tiene sobre la conducción de vehículos de motor, que requiere un alto grado de concentración y control, percepción del entorno y rapidez de reacción. Sin duda, la que está más relacionada con accidentes de tráfico es el alcohol, debido a que es la más consumida por la población. Una característica común a todas ellas es la falta de autoconciencia de encontrarse bajo sus efectos, lo que que se traduce en la conocida frase "yo controlo". ¿Cuánto duran en el cuerpo? ¿Y sus efectos? Cada droga permanece diferente tiempo en el organismo. Su presencia se verifica mediante el análisis toxicológico que puede realizarse en sangre, orina o saliva mediante técnicas de química analítica muy sensibles y específicas, que incluyen la confirmación por cromatografía que es técnicamente indiscutible. El tiempo de detección es menor en la sangre, en la que los niveles suelen ser negativos a las pocas horas del consumo. La detección en la saliva puede indicar que se ha consumido en las últimas 6 horas. Pero la desaparición completa del organismo, que se demuestra cuando el resultado de análisis es negativo en orina, es más prolongada. El alcohol es el que más rápidamente desaparece, en las primeras 12 horas. Las anfetaminas y la cocaína o sus metabolitos activos pueden encontrarse hasta 48 después del último consumo. La heroína permanece hasta 3 días en el organismo. La que se detecta durante más tiempo es el cannabis, que puede resultar positivo en las pruebas realizadas hasta una semana después del consumo, o incluso más. Por supuesto una cosa muy distinta es el efecto que producen, cuya intensidad y duración depende no solo del tipo de sustancia sino también de la dosis, la vía de administración y el hábito de consumo individual de cada persona. No se puede establecer con la suficiente precisión el periodo de tiempo que tiene que pasar tras un consumo para garantizar que se está totalmente libre de sus efectos, lo que permitiría una conducción segura. La respuesta a la sustancia es muy variable en cada persona y, además, no se correlaciona de manera precisa con los resultados de las técnicas analíticas. En el caso del alcohol, una persona que no lo consume habitualmente puede presentar síntomas de embriaguez con una dosis muy inferior a la de quien está más habituada a consumirlo. Y algo similar sucede con las distintas drogas. La conducta del sujeto, un aspecto clave Debido a la dificultad de valorar el efecto, que no deja de ser una condición subjetiva que requeriría exploración individualizada en cada caso, el legislador ha optado por introducir criterios objetivos. Para el alcohol eso es técnicamente sencillo ya que, debido a su volatilidad, la concentración de etanol en el aire espirado, medida mediante el etilómetro, tiene una correlación muy precisa con la concentración de alcohol en sangre, lo que permite establecer el conocido límite de 0,25 mg/L de aire que equivale a 0,5 g/L de alcohol en sangre para la conducción de vehículos ordinarios. Además hay un consenso científico respecto a que esa concentración de alcohol en sangre produce ya algún grado de efecto que interfiere en la habilidad para conducir. Sin embargo para el resto de las drogas este asunto es mucho más complejo ya que es posible detectarlas, tal como se ha indicado, en saliva y orina durante periodos de tiempo muy prolongados en los que, a partir de un determinado momento, ya no se aprecia efecto alguno. Por ello es muy relevante la valoración de la conducta del interesado cuando se obtienen resultados positivos, lo que se hace constar por parte de la autoridad de tráfico que interviene. En cuanto a la frecuencia de consumo de drogas en conductores, un reciente estudio promovido por la Unión Europea encontró que en un 11% de los controles aleatorios se verificó el consumo de drogas ilegales, y el alcohol es la sustancia más peligrosa ya que se encuentra en un 20-30% de las víctimas de accidentes mortales. En cualquier caso es fundamental saber que aunque uno crea que "yo controlo" la percepción de ese "control" cuando uno está bajo los efectos de una droga, legal o no, siempre es errónea.
 
 
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